¿Por qué escribir? Es la pregunta que todo mortal con grado de experiencia vivencial y sociabilidad se formularía. “Escribir para qué, si todo se hace mejor hablando, expresando lo que piensas”, argumentarían los extrovertidos a ultranza. Sin embargo, para la minoría, escribir es un canal más óptimo de comunicación.
Escribir es como blandir la espada ante un ataque feroz de caballero diestro en la verborrea. Es un escudo protector, retrotrayendo la explosión convergente de sentimientos refugiados en la introspección. Ese desfogue de gallardía y osadía, apagada por la pusilánime actitud del “qué dirán”, de la mirada del auditorio -ojos inquisidores que te escrutan conminándote a estar de su lado, de lo contrario te prenden cual bonzo, sin piedad-.
Escribir es como declamar el mejor de los versos a tu bella doncella. Las palabras dibujan gestos al compás del ritmo de la sintaxis. La expectante lectora queda seducida por tu galantería en Arial 12, interlineado sencillo.

Lo que no te atreves a pronunciar delante de sus labios; plasmado queda en cartas interminables de felicidad o perdón. Y para los más laboriosos, en canciones concebidas, embriones que con un esfuerzo creativo extra repicarán en muchos otros corazones y se convertirán en himnos de masas enamoradas.
Escribir te hace el político más perito y agudo. Crítico y fiscalizador de tinta y papel. Tu discurso concienciador se presenta en el auditorio de 14 pulgadas con conexión wi fi y tú, connotado tribuno, respondes a los comments de tus colegas, dotado con el poder del nickname.
Escribir te convierte en eso y mucho más. Es un arma de doble filo. El sujeto más tierno, simpático y romántico, en su lado positivo. Repugnante, denigrante e innombrable, del lado negativo. Escribir es como la vida: tiene sus altas y bajas. Depende de cómo le sonrías. Sentirte inspirado por lo más bello del mundo o deprimido genera igual confluencia de ideas que te invitan a escribir.
Te interrogas, entonces: ¿Para qué escribir? Para ser importante, tal vez. Para desahogarte, muchas veces. Para generar controversia, cabe la posibilidad. Para vivir… Escribir para hacer de tu vida algo mucho mejor. Si te agrada escribir te sentirás feliz abrazando cada una de tus composiciones recostado en tu cama antes de la oración nocturna día.
Escribir es como blandir la espada ante un ataque feroz de caballero diestro en la verborrea. Es un escudo protector, retrotrayendo la explosión convergente de sentimientos refugiados en la introspección. Ese desfogue de gallardía y osadía, apagada por la pusilánime actitud del “qué dirán”, de la mirada del auditorio -ojos inquisidores que te escrutan conminándote a estar de su lado, de lo contrario te prenden cual bonzo, sin piedad-.
Escribir es como declamar el mejor de los versos a tu bella doncella. Las palabras dibujan gestos al compás del ritmo de la sintaxis. La expectante lectora queda seducida por tu galantería en Arial 12, interlineado sencillo.

Lo que no te atreves a pronunciar delante de sus labios; plasmado queda en cartas interminables de felicidad o perdón. Y para los más laboriosos, en canciones concebidas, embriones que con un esfuerzo creativo extra repicarán en muchos otros corazones y se convertirán en himnos de masas enamoradas.
Escribir te hace el político más perito y agudo. Crítico y fiscalizador de tinta y papel. Tu discurso concienciador se presenta en el auditorio de 14 pulgadas con conexión wi fi y tú, connotado tribuno, respondes a los comments de tus colegas, dotado con el poder del nickname.
Escribir te convierte en eso y mucho más. Es un arma de doble filo. El sujeto más tierno, simpático y romántico, en su lado positivo. Repugnante, denigrante e innombrable, del lado negativo. Escribir es como la vida: tiene sus altas y bajas. Depende de cómo le sonrías. Sentirte inspirado por lo más bello del mundo o deprimido genera igual confluencia de ideas que te invitan a escribir.
Te interrogas, entonces: ¿Para qué escribir? Para ser importante, tal vez. Para desahogarte, muchas veces. Para generar controversia, cabe la posibilidad. Para vivir… Escribir para hacer de tu vida algo mucho mejor. Si te agrada escribir te sentirás feliz abrazando cada una de tus composiciones recostado en tu cama antes de la oración nocturna día.
Cuando lo sientes de verdad, ese deleite se vuelve satisfacción, acaso profesión, locura, delirio, utopía. Mentes brillantes de las letras en la historia, traspasaron esos límites y no se arrepintieron, porque escribir, así como otras emociones del ser humano, es una pasión.
Amiooo! como siempre es un placer leerte... la pasión por las letras nos une una vez mas. Esperaré con ansias el próximo.
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