Lo más lindo eres tú, que con ternura me cobijaste nueve meses.
Soportaste los vaivenes anímicos de mi existencia en tu ser.
Ungiste tu bondad en mi alumbramiento.
Me diste la primera sonrisa de este mundo.
Abrigaste en tu seno mi fragilidad pueril.
Permitiste que me nutriera de ti sin prohibición.
Guiaste mi cuerpecito tambaleante al inicio del camino.
Velaste mis sueños interrumpiendo los tuyos.
Curaste mis heridas cual abnegada enfermera.
Disfrutaste mis primeros triunfos.
Aliviaste mi frustración y siempre creíste en mí a pesar de todo.
Amonestaste mis insolencias.
Impartiste justicia en el momento oportuno.
Me enseñaste a valerme por mí mismo.
Me enseñaste el poder de la palabra.
Me aconsejaste en mis pesares, prodigándome amor.
Me dijiste que siempre estarás ahí para mí.
Lo más lindo eres tú, por todas esas y muchas más razones.
Cuando niño te inquiría constantemente: ¿estoy creciendo derecho o torcido?
Ahora, gracias a ti, crecí como los árboles de tu pueblo.
Los principios, la entrega y la perseverancia, tú me los enseñaste.
Los obstáculos ya no me vencerán.
Tus lágrimas derramadas a causa mía, no se repetirán.
La distancia entre los dos hará más fuerte nuestra unión.
Tu ejemplo y sabiduría serán mi obra y mi discernimiento en la vida.
Madre, agradezco a Dios por haberme hecho hijo tuyo.
He escrito sobre muchos temas, pero nunca sobre el más importante de todos.
Y si esta carta tiene gotas entre sus líneas es porque lo más lindo para mí, eres tú.
FELIZ DÍA MAMÁ LUCÍA
Soportaste los vaivenes anímicos de mi existencia en tu ser.
Ungiste tu bondad en mi alumbramiento.
Me diste la primera sonrisa de este mundo.
Abrigaste en tu seno mi fragilidad pueril.
Permitiste que me nutriera de ti sin prohibición.
Guiaste mi cuerpecito tambaleante al inicio del camino.
Velaste mis sueños interrumpiendo los tuyos.
Curaste mis heridas cual abnegada enfermera.

Disfrutaste mis primeros triunfos.
Aliviaste mi frustración y siempre creíste en mí a pesar de todo.
Amonestaste mis insolencias.
Impartiste justicia en el momento oportuno.
Me enseñaste a valerme por mí mismo.
Me enseñaste el poder de la palabra.
Me aconsejaste en mis pesares, prodigándome amor.
Me dijiste que siempre estarás ahí para mí.
Lo más lindo eres tú, por todas esas y muchas más razones.
Cuando niño te inquiría constantemente: ¿estoy creciendo derecho o torcido?
Ahora, gracias a ti, crecí como los árboles de tu pueblo.
Los principios, la entrega y la perseverancia, tú me los enseñaste.
Los obstáculos ya no me vencerán.
Tus lágrimas derramadas a causa mía, no se repetirán.
La distancia entre los dos hará más fuerte nuestra unión.
Tu ejemplo y sabiduría serán mi obra y mi discernimiento en la vida.
Madre, agradezco a Dios por haberme hecho hijo tuyo.
He escrito sobre muchos temas, pero nunca sobre el más importante de todos.
Y si esta carta tiene gotas entre sus líneas es porque lo más lindo para mí, eres tú.
FELIZ DÍA MAMÁ LUCÍA